En La raíz de LA GUAJIRA (CELINA,REUTILIO y Santa Barbara) Por: Medardo Arias Satizábal
Entre los los mangos y mamoncillos de la Casa Museo Hemingway en San Francisco de
Paula, población costera distante 50 kilómetros de La Habana, resuena de pronto un acorde de guitarra que trae
en sus ecos cocoteros de luz, machetes de zafra, voces que van detrás de las carretas cañeras de antaño:
"Casera traigo mis flores/ acabaditas de cortar/ son de varios colores/ muy suaves para tu altar..."
Es la voz de Celina la que trae, como un ventarrón de recuerdos, esta guajira, como "acabadita de cortar",
parecida a las flores que ella, en compañía de su esposo Reutilio, ofrendaba a las Siete Potencias, a los Orishas
protectores.
El guajiro cubano, descendiente de españoles, fincó en su vida campesina
todo su canto, más, en el proceso de mestizaje, acogió también las manifestaciones de los Abakúas,
las sectas afrocubanas descendientes de guerreros Yorubas, para cantar también, a las deidades, a su manera. Significativo
que el ritmo de Guajira venga hasta aquí, desde la calle, en esta misma población donde el Nobel estadounidense
hizo amigos entre los pescadores, y se hizo a la mar en compañía de Gregorio Fuentes, su patrón de yate,
con quien llegó en más de una tarde a las playas de Cojímar, trayendo entre las poleas el peso sangrante
de un pez espada. San Francisco de Paula no sólo rinde culto permanente a la Guajira, sino también a al "Papa",
como llamaban a Hemingway en la jerga de pescadores, marineros y boxeadores.

Uno de los símbolos de la música guajira es la Virgen de la Caridad del Cobre,
patrona de Cuba; cuenta la leyenda que ella amparó, en el mar bravío, a los Tres Juanes, representantes del
mestizaje cubano; tres marineros: uno negro, otro blanco y el descendiente de indígenas. En las imágenes que
se difunden de la Patrona de Cuba, aparecen siempre sobre la barca de Los Tres Juanes. Después de recibir el Premio
Nobel de Literatura en 1954, el escritor Ernest Hemingway llevó la medalla con la efigie de Alfred Nobel hasta el altar
de la Virgen de la Caridad del Cobre.
El Punto Cubano
El Punto Cubano, hermano de la Guajira, es una suerte de décima campesina, muy semejante
a la Controversia o Trova de la zona andina colombiana. La Guajira se alarga en un dejo triste, pero es honda, se canta con
emoción. Sencilla, alude a sucesos cotidianos, faenas de trabajo, orgullo de patria, loas a los santos, penas de amor.
Estos cantos, rodeados de platanales, escenas pastoriles, hallaron, pues, su máxima expresión en el dúo
de Celina y Reutilio. Ella continúa cantando hoy, en compañía de su hijo, quien lleva el nombre de su
padre. El Punto Cubano es la pelea a versos, el entronque, la disputa o discusión de dos trovadores, a golpe de guitarra,
entre "puyas" y sátiras que van hasta el final de la jocosa contienda.A comienzos del siglo XX, primordialmente
en la década de los 20, el negro acogió el bolero y lo bailó con maestría, no obstante el tenor
de la crónica hispana de fines del siglo XIX, en la que se presentaban quejas "por la apropiación que han
hecho de las manifestaciones artísticas, los nativos de Africa". En La Habana, el hombre blanco no se mezclaba,
con excepciones, es claro, en bailes y "bachatas", por considerar impropia esta conducta dentro de su condición
dominante. Ya avanzada la primera mitad del siglo XX, sin embargo, se conoció de muchos blancos que pugnaban por hacerse
Abakúas; querían congraciarse con las sociedades secretas ñáñigas, reconocidas como una
especie de "masonería africana". Es ya leyenda la manera como muchos "indianos", españoles
enriquecidos en la isla de Cuba, llevaban a sus hijos en el primer día del año, a los burdeles del barrio de
Trocadero, en buscan de "la mulata"; se creía que fornicar con afrocubanas, "traía buena suerte".Los
ñáñigos lograron conservar en Cuba las tradiciones africanas traídas a América por los
Yorubas o Nagós de las riberas del Níger. Conocidos en Cuba como Lucumíes, realizan periódicamente
reuniones secretas --la Revolución Cubana intentó en sus inícios el fin de estas manifestaciones, bajo
el axioma marxista según el cual "la religión es el opio del pueblo"-- en las que interpretan los
denominados Toques de Santo. Alejo Carpentier relata bien el carácter de estas sesiones, en su primera novela "Ecue
Yamba O", obra que aborrecería más tarde, por considerarla "demasiado costumbrista".Entre los
herederos de la Cultura Yoruba, fuerte y presente hoy en Cuba, se encuentran los auténticos intérpretes del
denominado Tambor Batá, percusión que es preciso ejecutar con nota, a la manera de una guitarra u otro instrumento.
Su presencia en la música indoafroamericana ha sido aprovechada inescrupulosamente por músicos especuladores
de Nueva York y el área del Caribe, quienes periódicamente anuncian "Bata's Sessions".Son tres los
Batás: "Iyá", conocido también como Madre de los Tambores; "Itótele", o Tambor
Mediano, y "Okónkolo", el más pequeño. Melodías como "Oggun" y "Babaluayé",
están escritas en el pentagrama, para ser tocadas en Tambor Batá, el tambor que "habla" y no requiere
voz para cantar, pues tiene su aliento propio.En Nueva York es reconocido como investigador de esa disciplina percutiva, el
músico Milton Cardona, quien ha sabido incorporar toques de Batás al ritmo de la Salsa.
- Creditos:
- El
texto ha sido enviado por: Medardo Arias Satizábal a Deejay Gonzalo para ser publicado en klavelatina 2012.
- La foto de Celina y Reutilio es cortesia de la website cuba la islainfinita.