Musica de Cuba!!!/Donde quieres que te ponga el plato?
La gran mayoría de la música popular cubana se ha generado, como es natural,
en el apego continuo con la gente numerosa del pueblo, que expresa a través de ella los caracteres fundamentales de
su comportamiento cotidiano. En la lírica de las composiciones nacidas o destinadas al ámbito bailable, son
palpables los elementos propios de las fiestas, en las cuales además de la música y las bebidas están
las comidas. El referente de la comida aparece también como parte del ambiente general cubano. Le echo mano a un puñado
de discos de los que tengo más cerca de la vista y enseguida que los pongo a rodar, aparecen múltiples ejemplos
de lo dicho.
En 1930 se podía escuchar al Cuarteto Machín, según
una grabación realizada en Nueva York, un pregón de Enrique Muñoz titulado El viandero.
Tenía entonces Antonio Machín como un clarín y podía uno imaginarse el vendedor
ambulante, cuando él cantaba: A llevar caballeros,/ a comprar la exquisita vianda/ de este viandero/. Hay malangas,/
sabrosas papas de Güines... y después repetía un pies: viandas, qué ricas son las viandas. Para
seguir enumerando frutos criollos de la tierra, intercalando inspiraciones maliciosas. Por aquellos mismos años Machín
cantaba otro pregón anónimo conocido como El morón: Caserita, calentitas,/ que las llevo de Morón./
Caserita las torticas.../ Caserita, calentitas/ que me voy. Ya desde aquellos lejanos años esas torticas de harina
de trigo que todavía se venden por doquier en Cuba, tenían como denominación de origen a la ciudad avileña
de Morón.
En 1936 Félix B. Caignet compuso un son pregón que fue cantado
inigualablemente por el Trío Matamoros. El hombre que se haría famoso por escribir radionovelas
y también telenovelas, que marcaron pautas en ese género como El Derecho de Nacer; también compuso piezas
musicales, en las cuales la comida, o lo que se come, son lo fundamental. Siro, Cueto y Miguel disfrutaban
y hacían disfrutar con Frutas del Caney: ¡ Frutas!/ ¿Quién quiere comprarme frutas?/ ¡Mangos!/
De mamey y biscochuelo/ ¡Piñas!/ Piñas dulces como azúcar,/ cosechadas en las lomas del Caney./
Vendo el rico mango de mamey./ Piñas, qué deliciosas son/ como labios de mujer./ Caney de Oriente, /cuna florida
donde vivió el siboney,/ donde las frutas,/ son como flores,/ llenas de aroma y saturadas de miel./ Caney de Oriente,/
tierra divina,/ donde la mano de Dios echó su bendición. ¿Quién quiere comprarme frutas sabrosas?/
Marañones y mamoncillos/ del Caney. El propio Miguel Matamoros, en algunas obras compuestas para ser
interpretadas por el Trío, introdujo el tema de la comida. Uno de sus sones modélicos se llama El que siembra
su maíz...En sus versos también aparece la figura del pregonero: ¡Huye! ¡Huye!/ ¿Dónde
está, Mayor?/ ¿Dónde está?/ Ya no vende por las calles,/ ya no pregona en la esquina,/ ya no quiere
trabajar... Luego coloca un pies, que se repetirá a lo largo del son: El que siembra su maíz...,/ ¡que
se coma su pinol! Aquí la referencia a la comida no tiene sentido literal. No se trata solamente de que si uno ha sembrado
maíz, pues coma el polvo que se obtiene tostando y moliendo este grano, echándole azúcar. Hay evidentemente
un amplio sentido metafórico, que reafirma el derecho a disfrutar de lo que uno ha logrado con su esfuerzo.
Arsenio Rodríguez fundó su Conjunto en 1940 y como otros grandes
soneros se caracterizó por tener un soberbio repertorio sobre la base de muchas composiciones de su autoría
y también de algunos coetáneos, como Bienvenido Julián Gutiérrez, que es el autor
del son montuno La fonda de Bienvenido. Arsenio gustaba de piezas de letra muy breve, que se pudiera repetir mucho dentro
de la urdimbre de la música. Es el caso de La fonda... en la cual se describe el ambiente del establecimiento, con
un lenguaje muy críptico, o desarrollado en unas claves que ahora no podemos descodificar: Cuatro platos,/ medio coco/
y el domingo fricasé/... / Pan, palillo , agua fría/ y un poquito de café / Cuatro platos, medio y el
domingo fricasé/ .../ Como la vianda no carne,/ vamos a rifar una res. En los Jardines de la Tropical se hizo popular
otro son montuno tocado por Arsenio Rodríguez y su Conjunto: Dile a Catalina. Es una composición
del propio Cieguito Maravilloso, en la cual aparecen unos versos que en apariencia se refieren a la necesidad de elaborar
con prontitud un alimento: Dile a Catalina/ que me mande el guayo que/ la yuca se me está pasando. Nadie puede negar
que dice exactamente eso, pero tampoco nadie podrá negar su doble o triple sentido.
En los años cincuenta del pasado siglo, cuando el chachachá se estaba convirtiendo
en un verdadero furor, Richard Egües, el entrañable flautista de la Orquesta Aragón
compuso El bodeguero, que no solo fue popularizada por esta agrupación, sino que le dio la vuelta al mundo en la versión
de Nat King Cole: Siempre en su casa presente está/ el bodeguero y el chachachá./ Vete a la
esquina y lo verás./ Y atento siempre te servirá./ Anda enseguida, córrete allá/ que con la plata
lo encontrarás/ del otro lado del mostrador/ muy complaciente y servidor. Bodeguero, qué sucede / ¿por
qué tan contento estás?/ Yo creo que es consecuencia/ de lo que en moda está. / El bodeguero bailando
va./ En la bodega se baila así/ entre frijoles, papa y ají,/ el nuevo ritmo del chachachá. Toma chocolate,
paga lo que debes./ toma chocolate, paga lo que debes. Richard muestra la atmósfera de una típica bodega de
aquella época, con los suministros de las cuales se hacían muchas comidas.
A inicios de la década del sesenta Pacho Alonso y su Conjunto hicieron
popular un son montuno titulado Sorpresa de harina con boniato: Sorpresa de harina con boniato,/ dónde quieres que
te ponga el plato. Sorpresa de harina con boniato,/ dónde quieres que te ponga el plato./ Come lo que tú siembras
campesino,/ hoy que hasta la tierra quiere brindar,/ tú verás que tiene un sabor distinto,/ este fruto alegre
que aquí se da. Esto sí se llama embullo,/ ya cada uno tiene lo suyo./... / Marta Valdés, una de las
más importantes compositoras del cancionero cubano, figura clave dentro del movimiento filin, es la autora de este
son montuno, en el cual el goce por comer está ligado al triunfo revolucionario alcanzado en 1959.
Antes de que se compusiera El viandero, cantado allá por los años treinta por
Antonio Machín y después que Marta alborozada diera a conocer su Sorpresa de harina con boniato,
han aparecido otras numerosas piezas de la música popular cubana en las que está presente la comida de la Isla.
Con estas pocas que tenía hoy a mi alcance, basta en mi opinión, para advertir la magnitud de esta presencia
y también los diferentes timbres de significado que alcanzan, la comida, las frutas, los alimentos en general, en la
lírica de nuestra música popular. Desde el goce elocuente por llevarse a la barriga algo que nos guste, hasta
el uso del lenguaje culinario para adentrarse en predicados picarescos o siempre certero refranero de la gente de a pie.